Thursday, October 02, 2008

Perros y coyotes


Tuve que ir a cobrar un cheque. En determinados momentos cobrar un cheque cuesta tanto como hacer el trabajo que le dió origen. Creo igual que es un modo de pago anticuado, fuera de época. En especial cuando se trata de retirar un cheque que no se transforma en efectivo en la ventanilla de pago y tiene que ser depositado en una cuenta.
Los cheques ya no se retiran en las empresas. Los bancos importantes y grandes tienen un centro de pago a proveedores que funciona como una corporación dentro de otra corporación. Toda la automatización que mueve en el sistema bancario se corporiza cuando se arriba a estos centros de pago.
Hay dos trincheras bien diferenciadas. Los cajeros y los cobradores. Los cajeros ofician como celosos guardianes de un tesoro sin que haya tesoro. Velan por la eficacia del sistema. Revisan que los recibos estén bien escritos, que los números coincidan y hacen todo con un aire de suficiencia que irrita. Tienen el manejo veloz de quien hace eso a diario y cualquier error que se cometa desde el otro lado les molesta por demás. Actúan como las maestras que llegan cansadas a la última hora, pero por lo menos las maestras algo enseñan.

Los cobradores son de otro estilo. Son motoqueros obligados a pisar en tierra firme. Pertrechados con ropa adecuada para la velocidad, son el colmo de la practicidad: bolsos livianos cruzados y con estuches para poner hasta dos ó tres celulares. Usan un reproductor de mp3 para quedar encerrados en una burbuja que los aisle del roce callejero. Cobran y hablan con otro motoquero por Nextel. Es una población que tiene la lógica del colegio industrial: cada 40 cobradores hay una mujer, en esa proporción.
Los cajeros son celosos cuidadores de un dinero virtual que ya fue cedido por sus dueños pero que ellos tienen cierto resquemor en dejar ir. Los cobradores son feroces cazadores del dinero de otro e intentan conseguirlo como si fuera para ellos. Algunos retiran gruesos fajos de cheques celestes y los revisan uno por uno para que no los caguen con las fechas.
Cajeros y cobradores se ven a diario y libran una batalla por otros. Pelean una guerra cotidiana que empieza a las 9 y termina a las 15, de lunes a viernes, en los subsuelos del microcentro.


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