La pereza de ir al videoclub

Ya habrán notado que cada vez hay menos locales de Blockbuster. Y no importa en que parte del mundo estén leyendo esto: ahí donde había un montón de Blockbuster, ahora hay menos. O ninguno. Novedoso en su momento por su buzoncito para devolver las películas durante las 24 horas, he ahí su propio talón de aquiles: ¿por qué debo ser yo el que devuelva la película?
La pereza de ir al videoclub es una de las razones que llevan a la caída de un modelo de negocio que dicho en términos del consumidor final es, simplemente, un cambio de costumbres.
Paseo salvador de parejas que se desgastan en su propia cocción y que se refugian en sus chocolates, sweateres gordos y mejor quedémonos en casa, el videoclub ya es un después del cine visto en el hogar.
Está todo dado para que la película no tenga que ser un objeto de devolución. O en todo caso, para que no sea yo el que tenga que ir a devolverla. Si ir al videoclub ya es toda una decisión, mucho más lo es el hecho de hacerlo solamente para entregar otra vez la película.
Por eso que Blockbuster haya adquirido una empresa de venta de películas online tiene más que ver con estos tiempos y no con la relación cohercitiva que mantienen los sitios de alquiler en base al recargo por devolución tardía. Somos sus clientes. Y multarnos tiene sus costos.
Quedarse en casa es una elección. Lo mismo que salir. Hace rato que nadie va al supermercado con el peso de tener que llevar los envases para devolución, aunque ya se que existen.
Tenemos que encontrar ahora la manera de que el agua mineral nos llegue a casa sin ir a comprarla. Vamos, piensen...
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