Generaciones tuco y pesto

Tentado en continuar el legado generacional que se transmite boca a boca, llevé a mi hijo a comer a Pippo. Teníamos ganas de cenar pastas un sábado a la noche y enfilamos para allá. Fuímos al de Montevideo y creo que a la vuelta sigue estando el otro, sobre Paraná, y recuerdo un tercer Pippo que ahora no sé donde fue a parar.
Vermiccellis tuco y pesto era la decisión ya tomada antes de entrar. Comprobé que los platos mantienen la misma proporción de sus ingredientes: fideos, tuco y pestos bien densos con una consistencia que haría prescindir de los propios vermichellis y el tsunami de queso rallado. Es un plato que consta de los cuatro elementos por igual. De grande descubrí que el queso rallado no es aderezo del plato, sino una de sus cuatro estaciones.
El sabor se mantiene. Los platos me parecieron más chicos (hacía como 10 años que no iba), pero no sé realmente si los platos son más pequeños o si fue simplemente mi impresión.
Vermiccellis tuco y pesto era la decisión ya tomada antes de entrar. Comprobé que los platos mantienen la misma proporción de sus ingredientes: fideos, tuco y pestos bien densos con una consistencia que haría prescindir de los propios vermichellis y el tsunami de queso rallado. Es un plato que consta de los cuatro elementos por igual. De grande descubrí que el queso rallado no es aderezo del plato, sino una de sus cuatro estaciones.
El sabor se mantiene. Los platos me parecieron más chicos (hacía como 10 años que no iba), pero no sé realmente si los platos son más pequeños o si fue simplemente mi impresión.
A mi hijo le gustaron los vermichellis. Obviamente no con la intensidad que yo hubiera querido, pero el problema es mío no suyo.
Así se mantienen las tradiciones. Y todas arrancan con un desencanto inicial.
Así se mantienen las tradiciones. Y todas arrancan con un desencanto inicial.
Labels: comportamientos, consumo, gastronomía, reflexiones

