Descargas musicales: una nueva era comenzó en la Argentina...y el asunto está heavy
El fondo de la cuestión es otro, hasta filosófico: como conseguimos que la transición de lo viejo a lo nuevo permita que todos se adapten al nuevo modelo de consumir cultura. De hacerla, venderla y comprarla. Esta la idea de que alguien debe pagar por eso. Que un sector de la sociedad debe hacerse cargo de la evolución de la especie.
¿Por qué?
¿Quién le pagó a la industria porno cuando el negocio del video hogareño destruyó el cine para adultos en las salas? ¿ Quién le pagó a la radio cuando su publicidad pasó a ser cada vez más barata porque la TV ganó espacio? ¿Quién se hizo cargo de las pérdidas de los fabricantes de máquinas de escribir cuando las PC comenzaron a hacerse más populares y accesibles?
La industria musical cambió definitivamente. Y parece reaccionar con la virulencia de quien se quedó dormido y está llegando tarde al trabajo. Se venden menos discos, pero se consume más música. Se paga menos por las grabaciones, pero mucho más por los tickets. Los artistas importantes venden menos volumen, pero sus cachets acá y afuera están cada vez más altos y en euros. La aparición de videojuegos musicales dotaron de nueva energía a la industria musical y desde las consolas se están formando nuevos melómanos y potenciales compradores. LA GENTE DEJO DE PAGAR POR LAS GRABACIONES Y AHORA PAGA POR LA EXPERIENCIA EN VIVO. No menos importante es que el modelo de artista, especialmente del rock y del pop, es aquel que previamente fue incubado en las redes sociales y asomó a la superficie con un nicho de público comprobado: Lily Allen y My Chemical Romance (futuro visitante el 22 de febrero) fueron algunos de los muchos artistas que primero explotaron en My Space y arrastraron off line a sus seguidores. Ese crecimiento fue hecho en base a poner la música sin restricciones.
Hace poco leí acerca de algo que ya no existe y que muchos experimentamos a su debido momento: ese cosquilleo en el estómago del sábado a la mañana, cuando con los ahorros de un mes, nos levantábamos para ir a la disquería y comprar el nuevo disco de nuestro artista favorito. Ese chico hoy, cuando sale de su casa, ya tiene la música puesta.
Perdón, ¿de qué lo acusan?
Andrés Calamaro, en Benidorm 2007, uno de los artistas que más recauda por sus conciertos en vivo. Merecido.
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