Saturday, November 24, 2007

De mozos y comensales

Por suerte para mi vida pude liberarme para siempre de un sujeto especializado en complicarle la existencia a los mozos. Envuelto en ese aire apestado de egocentrismo, la carga permanente contra todo lo que un mozo pudiera proveer, jamás reparó en que esa situación termina poniendo nervioso al resto de los integrantes de la mesa.
Hace unos días ví a una persona que tiene esa característica: boicotear de entrada la labor del mozo, asegurando que su pedido no coincidía con lo que decía el menú y desechando una ensalada de tres gustos y abundante, ante la aburrida mirada de una mujer que tenía cara de esposa y que quizás algún día le diga que está harta de ese destrato hacia los mozos.

Vivo en la Tierra como cualquiera y se que hay mozos que se las traen. Describir sus rasgos es abundar en lo que todos conocemos. Los mozos consiguen que a todos nos pase lo mismo por diferentes que seamos: nos ignoran, nos hacen chistes cuando estamos enojados y nos poner cara de orto cuando estamos contentos, nos recomiendan cosas que no queremos o nos sugieren que abortemos un pedido porque "va a ser mucho".
Particularmente me molestan los mozos con aires de primeros ministros, que se ponen muy encima del comensal y del propio sitio en el que trabajan. No llegan a ser sobradores, pero hacen saber todo el tiempo quien manda y cuan importante es su función ahí.

Igual no importa: no pienso dejar de ir nunca a Las Violetas. Y si se enteran, se enteran. ¿Qué voy a hacer?

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Thursday, July 05, 2007

Apretar no te vuelve invisible

Me encontré con un amigo a charlar y a tomar algo y fuimos a un bar que no debe estar en el mapa de muchos porque el lugar no tiene nada de especial. Barrio con bar de barrio.. No es pizza-café, no es cool, es bastante normalito, pero sus dueños decidieron aprovechar un fondo de comercio más interesante y a lo que sería un simple acceso a los baños, le agregaron sillones y mesitas chicas. Le dieron más relieve al lugar del que tenía.
Entramos y nos sentamos en los sillones de atrás. A los cinco minutos llegó una pareja. Ella veintipico, él quizás 30 o un poco más. Ningunos pendejos. Tenían pinta de ser compañeros de oficina viviendo un amor escondido. Ni bien se sentaron en unos silloncitos a no más de dos metros de donde estábamos, se fundieron en besos y abrazos que en un punto daban envidia.
Se tenían ganas, sin ninguna duda. Pidieron unas gaseosas y él, no se a cuento de qué, pidió una porción de torta de ricota.
Lejos de suponer que la porción de torta pudiera ponerle algún freno al asunto, la escalada ya se hizo insoportable y decidimos, con mi amigo, mejor irnos y dejarlos solos.
Entre las gaseosas y la torta de ricota, si hago la cuenta, llego a la conclusión de que tenían como para ir a un telo.
Estar al lado de una pareja que se está "matando" en unos silloncitos de un barcito en Araoz y Drago, un miércoles a las 5 y media de la tarde, es una invitación a dejarlos tranquilos.
Como nos pasó alguna vez, tanta calentura, tanto apriete de incógnito, nos hace suponer que de pronto nos volvemos invisibles. Decidí ayudarlos a desintegrarse y me fuí a otro lugar.

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Thursday, February 08, 2007

Más sobre bares y fondas...wifi

Los bares que permiten trabajar con notebooks generan una afinidad nueva entre quienes aprovechan (aprovechamos) la posibilidad.
Se produce una especie de solidaridad tecnológica muy compinche, pero a la vez con distancia ya que todos sabemos que cuando estamos con la compu no queremos que nadie moleste ni nos espíe por la espalda.
Mi ocasional socio puede sufrir los mismos avatares. necesidad de un enchufe, problemas con la conexión (sin eso, no somos nada) y cuando uno es muy arriesgado y audaz, pedir momentaneamente un pen drive o cualquier artefacto con USB.
Se da la complicidad típica del argentino en el exterior.
Una relación de momento que quizás derive en algo futuro,. Aunque lo más probable es que cada uno siga por su lado. Como debe ser

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Friday, February 02, 2007

Bares y fondas


Los bares se dividían entre fumadores y no fumadores. Eliminada la ecuación (no hay tantos bares de más 100 m2, que tengan patio o muchas mesas en la vereda) ,los bares comienzan a dividirse entre los que tienen WIFI y los que no.

En torno al wifi se puede hacer crecer un negocio y darle un elemento central al que le gusta ir con su computadora, un valor agregado muy argentino: que nos están regalando la conexión.

El wifi en el sector gastronómico pasa a ser como el tenedor libre de la conectividad, un derroche de banda ancha para mails, blogs, noticias y boludeo en general.

A la gente que no tiene computadora igual le gusta ir a los bares que tienen wifi. Llegan, ven a los otros comensales con la notebook abierta y se codean y cuchichean como cuando se señala a alguien que tiene la bragueta abierta.

Lo dificil es encontrar enchufe en la pared cercana a la mesa. Toda batería tiene límite...

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