
Perdón por el exabrupto del título, pero precisaba poner algo contundente. La potencia de la película de Los Simpsons está en su propio núcleo, en el centro de un corazón que le da identidad a la serie desde hace 400 títulos en TV: su simple existencia.
Matt Groening, Fox Broadcasting Company y todos los involucrados en la creación no precisaron de técnicas de seducción con avances tecnológicos en materia de animación para atraer al público. Sus personajes, su historia y recursos clásicos de humor para atrapar a los que no sean seguidores de la serie, se bastan para concretar una buena película
Siendo un producto televisivo tenían más para perder que para ganar. El salto del comic y de la TV al cine está lleno de films que engrosan las fichas virtuales de IMDB con productos fallidos o que precisan de enorme complicidad de los fieles para satisfacer como película.
Los Simpsons son clásicos y modernos a la vez. Referencias al Grand Theft Auto, ringtones de Nokia y parodias a Disney los hacen irreverentes, incorrectos y extremadamente populares.
Los Simpsons condensan buena parte de la cultura del siglo XX de las artes, el cine, la TV, la música y abundan en referencias masivas y elitistas según el termómetro cultural de quien mira.
Plagados de personajes que sobrevuelan la historia de la película, con vertientes inacabables para "spin-offs" de la trama central, Los Simpsons acaban de enterrar al resto de las películas animadas por un buen tiempo.
Los Simpson son una cultura dentro de la cultura. Un mundo paralelo que conecta con el nuestro y se nutren de un ida y vuelta que ningún programa en la historia de la TV ha podido igual. Y la historia de la TV ya es la historia del hombre.
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