Brilla tú, Stone loco
Hasta ahí la información que manejan hasta las gacetillas de prensa. Martin Scorsese jamás ha hecho películas de superficie. Buscador de infiernos particulares que envuelven a sus criaturas y se llevan puesto a su mundo, Scorsese baja con una aparente inocencia al inframundo stoniano: Jagger, Richards, Wood y Watts parecen condenados al show eterno, a la gira sin fin, a no morir artísticamente y eso tiene un precio.
-“Si dejamos a Mick 18 segundos bajo esas luces, lo quemamos… Y no podemos hacer eso
-“¿Qué no podemos hacer?
-Incendiar a Mick Jagger…
Martin Scorsese no termina de entender porque Mick Jagger no puede ser incendiado cuando dialoga con el jefe técnico encargado de instrumentar la filmación con 16 cámaras del concierto. Todos los personajes de la filmografía de Scorsese han ardido por sus pecados, las cruces que cargan por propias y también por ajenas. De Niro en Toro Salvaje, Taxi Driver y Cabo de Miedo, por citar las emblemáticas, fue simpático con el demonio y en ocasiones hasta llegó a ser redimido. Scorsese se da gustos en vida con este film. Hasta imagina como hubiera sido la salida del ring de Jake La Motta (Toro Salvaje) si su vida lo hubiera encontrado vencedor y feliz.
Shine a Light no es una película sobre los Stones, sino sobre Scorsese. El director oficia de anfitrión de la banda en Nueva York y se encarga de demostrar porque esa música que lo motorizo para insiprirarse y crear, sigue en manos de señores mayores con piel de papiro, mandíbulas que esconden dentaduras postizas ausencia de dientes, escupidas cansadas y brazos torneados pero de viejos.
Scorsese también da una clase magistral de cómo debe ser transmitido y filmado un concierto de rock, con sus misterios revelados, las púas acomodadas en el pie de los micrófonos, lista de temas y machetes esparcidos por donde Jagger pisa y un ejército de asistentes que se ven en backstage, como para dejar en claro que el mundo real, la vida verdadera, transcurre en otro lado. Mientras los Stones fascinan en un teatro coqueto y bien ambientado, atrás hay gente que trabaja.
Scorsese va a machacar una y otra vez con imágenes de archivo sobre la edad de los músicos. Sobre las preguntas trilladas que cruzan todos las eras de un periodismo que siempre parece bobo. Los Stones hoy tienen la edad que tenían los periodistas que los entrevistaban para televisión cuando comenzaron en los 60.
Esta película me reconcilia con los Stones, a quienes veía repetitivos y previsibles. Keith Richards ya es una mueca de Jack Sparrow y no al revés. No me importa. Tengo a los Stones de vuelta.
A Martin Scorsese jamás lo había perdido.
Video del funeral de Brian Jones








