
El suplemento ieco de Clarín ofrece un
condensado de una serie de noticias sobre como conglomerados como MTV, Amazon y Nokia seguirán la línea inaugurada y estimulada por Apple para que la música sea ofrecida (los videos musicales y el cine, quizás también) como un producto de descarga. Es decir, como está consumiendo la música y otras formas de entretenimiento la gente con acceso a internet.
Ese museo de grandes novedades es explicado desde hace tiempo y refrescado en el
blog de Gastón Roitberg por Chris Anderson, el autor del libro The Long Tail; una obra falsamente presentada como dedicada a la economía cuando en realidad refleja el comportamiento cultural de esta época.
No se conoce mucho todavía sobre cómo ven los músicos este fenómeno. Es decir, en lineas generales sabemos, y es cierto, que la piratería los afecta pero también sabemos que no toda descarga es pirata y que la constante apelación emocional para que el usuario consiga la música de forma legal ya no alcanza para que un consumidor acceda a lo que quiere buscando el menor precio posible.
Días atrás Andrés Calamaro (¡Calamaro, eh!) contó que tuvo que componer en estudio un par de temas más para completar un disco que lleve su sello, su impronta.
El viejo orden todavía pide eso: una cantidad determinada de obra para ser envasada y vendida.
Calamaro, que hizo un disco quíntuple con más de 100 canciones, sabe que la cantidad no define el contenido. Puede hacerlo y sabe hacerlo. Calamaro puede vender una canción y puede vender 1.000 canciones. Es indistinto.
En tiempos de descargas, de unidades, de picoteo cultural, no es estrictamente necesario el armado de un disco tradicional para valernos de un trabajo artístico. Si una banda entiende que su obra comprende no menos de 15 canciones cada vez, pues bienvenidas seas.
Pero no toda banda tiene 15 canciones presentables siempre ni toda banda precisa atravesar el tortuoso camino de la producción, grabación, edición, distribución y comercialización del modo tradicional para darse a conocer.
Las bandas nuevas todavía consideran que deben recorrer el viejo camino. La novedad no pasa solamente por ser un recién llegado que esgrime el númerito tipo rifa para avisar que ahora le toca, sino por explorar las nuevas formas que la industria propone.
No te compro el disco, vendeme una canción. Y como yo hay miles. Sacá la cuenta: ¿vas entendiendo?
(The Long Tail ya está editado en español y Capitulo 2 lo vende)
Labels: internet, música, reflexiones